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27 de febrero de 2009
Comunidades indígenas de la provincia argentina de Chaco aprenden a
manejar las herramientas que ofrecen el cine y el video a fin de difundir su
cosmovisión a partir de producciones artísticas propias.
Buenos Aires. Con la asistencia de expertos bolivianos, comunidades indígenas
de la provincia argentina de Chaco aprenden a manejar las herramientas que
ofrecen el cine y el video a fin de difundir su cosmovisión a partir
de producciones artísticas propias.
"Así como los pueblos indígenas nos apropiamos de la escritura
que nos permitió dar a conocer quiénes somos, (ahora) queremos
manejar esta nueva herramienta para dar a conocer nuestra realidad", declaró Juan
Chico, historiador de la etnia qom (toba) de la provincia de Chaco que participó del
taller para realizadores indígenas.
"Los blancos suelen mostrar imágenes negativas de nosotros; por
ejemplo, en la casa de gobierno de Chaco hay fotos de indígenas desnutridos
tomadas sin el permiso de los protagonistas, quizás para dar lástima,
y nunca se muestra en cambio que hay excelentes escritores, músicos
y artistas entre nosotros", añadió Chico.
La idea comenzó este año en la Subsecretaria de Cultura de Chaco,
la provincia situada en el nordeste del país. Con cerca de un millón
de habitantes, este distrito alberga a unos 60 mil indígenas de las
etnias qom, mocoví y wichí, con líderes e instituciones
que los representan.
"Los indígenas de Chaco habían sido postergados desde siempre
y muchos están viviendo situaciones límite", contó Marcelo
Pérez, a cargo del recién creado Departamento de Cine y Espacio
Audiovisual (Decea), que busca "formar público y realizadores" entre
las comunidades y "dinamizar la producción" cinematográfica.
Pérez destacó que los propios representantes de las comunidades
pidieron que se exhiba cine en los pueblos donde no hay salas cinematográficas,
y que se enseñe a los aborígenes a manejar el lenguaje audiovisual.
Así fue que surgió el Primer Festival de Cine de los Pueblos
Indígenas en agosto, con características muy peculiares.
Sin alfombras rojas ni artistas consagrados de la industria cinematográfica
mundial, unidades de cine móvil recorrieron unos 6 mil 500 kilómetros
en tres días.
"Fue un festival itinerante, con múltiples sedes. Llegamos a unas
40 comunidades a través del modelo de cine móvil que ya existía
en la provincia, pero llevamos sólo películas hechas por indígenas
o con temática indígena, de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador,
Paraguay y Venezuela", enumeró el funcionario. .
La respuesta del público fue "muy buena", remarcó.
Luego de cada exhibición, que se llevó a cabo en pequeñas
comunidades, en muchos casos al aire libre, se realizaron debates coordinados
por maestros bilingües que proporcionó el departamento, y entonces
surgió la crítica y la inquietud por capacitarse en el manejo
de cámaras.
Pero el método de enseñanza no podía ser tradicional. "No
queríamos meter el virus de la ‘transculturizació n’,
por eso apelamos al Cefrec", relató Pérez, aludiendo al
Centro de Formación y Realización Cinematográfica, de
Bolivia, que desde hace dos décadas facilita la capacitación
técnica en cine y video a los pueblos indígenas.
En un país como Bolivia, donde la mayoría de la población
desciende de pueblos originarios, el Cefrec se propuso dotar a las comunidades
de herramientas para participar activamente en la construcción de mensajes
que contrarresten la avalancha de los medios masivos de comunicación.
El Cefrec brindó un taller intensivo de tres días a 25 jóvenes
de las comunidades indígenas de Chaco, interesados en esa formación.
El curso fue una primera aproximación al lenguaje. En febrero próximo
habrá una segunda capacitación que se prolongará por 14
días, en la localidad de Villa Bermejito, y luego una tercera.
El realizador boliviano Milton Guzmán fue el encargado de dar el taller. "Las
culturas ancestrales de América han tenido existencia a través
de mantener una cultura oral", dijo en el curso.
"Ahora es tiempo de apropiarnos de la cultura audiovisual y que ella sea
una herramienta para mostrar al mundo que en América hay culturas, hay
identidad (…) conocimientos ancestrales" , dijo.
Los alumnos trabajaron día y noche en 65 ejercicios de filmación,
sin descuidar las técnicas de narración.
"Les preocupa mostrar lo que pasa, por ejemplo, con las adolescentes que
se embarazan. Quieren mostrar las marchas y luchas reivindicatorias de sus
derechos, o simplemente filmar la conversación con un abuelo. La temática
es amplia y nunca será igual a como lo filmaría un blanco, porque
ellos ven otra cosa", aseguró Pérez.