(Elieser Catrileo, Est. de Ingeniería en Ejec en Electricidad)
A nadie sorprende que el vasto despliegue de publicaciones referidas a la “temática mapuche” manifieste actualmente un proceso ascendente, hecho respecto del cual, los/as estudiantes mapuche que circunstancialmente hemos accedido a la enseñanza superior, vislumbramos como una realidad que no transcurre ajena.
En este sentido, distintas son las áreas que intersectan el interés por escudriñar ese curioso universo simbólico y representacional, con el cual los wingkas, idean un sinnúmero de proyectos, en aras de servir de portavoces de nosotros/as -los mapuche- quienes somos considerados sólo como una fuente de información y en el peor de los casos, como objetos del folklore que buenamente, avalan el discurso intercultural vigente.
Lo lamentable del asunto es que dichas prácticas sutilmente han institucionalizado otras formas de dominación, a saber, que aquel conocimiento sistemático que emana de un tipo de racionalidad -la científica- puede otorgar la respuesta a las causas en las que actualmente viven los mapuche, sea en el campo o en la ciudad.
Y más aún que a través del mismo modelo educativo -sustentado en la conformación de la sociedad occidental- mediante la aplicación de un sistema intercultural, será posible establecer una nueva forma de co-nocimiento, el cual incorporará efectivamente a mapuches y a chilenos/as en un nivel simétrico de interrelación, esta vez congregados en la academia científica.
Lo extraño de todo esta situación es que una vez más se impone esa cuota de razón, con la que opera el mundo “blanco”, llegando a normalizar el manejo y el abuso de los temas que competen al mundo mapuche. No quiero decir con ello que los/as intelectuales wingkas no estén aptos para reflexionar en torno a lo que libremente ellos/as deseen, sino que mientras coexista esa porfiada práctica de hablar “en nombre de” , se hará aún más distante la posibilidad de que esos otros –sujetos de la reflexión- generen sus propios/as espacios de institucionalidad, demarcada desde su propia lógica.
Así, resulta casi una cursilería plantear que hoy se están abriendo las posibilidades para los mapuche a través del acceso a la educación, si consideramos que los mismos que intelectualizan en torno a un nuevo modelo, son hijos/as de la cultura de occidente y que en sus parámetros de definición hacia la sociedad mapuche, están contenidas las estrategias de un pensamiento cartesiano, tan lejanode la visión de los/as lamngen que hoy habitan las comunidades.
Es cierto, muchos hijos/as de esos lamngen hoy han accedido a la enseñanza superior, pero su inserción a ella y su mantención no ha conformado un proceso fácil.
Ellos/as constituyen, de alguna forma, el resultado y la consecuencia de un sistema de dominación que –en la mayoría de los casos- los desarraigó de sus costumbres, debiendo asumir “las herramientas” con las cuales sus padres –antes que ellos- aprendieron a desenvolverse en el mundo citadino, la pérdida de la práctica lingüística por citar un caso.
En ellos /as también es donde actualmente reside la proyección de asumir con mucha mayor resistencia la nueva oleada de la dominación que es más difícil de detectar, por ser más sutil. Sin embargo, la oscilación de co-habitar dos mundos –el campo y la ciudad- los alerta aún más para “observar con ojo sospechoso” los intentos de los monopolios que han usufructuado del conocimiento y la sabiduría de nuestro pueblo mapuche.