INCHE TA DOMITILA KUYUL

Testimonio de la última Maestra de Paz de Chiloé

recogido por Alberto Trivero

1999

INDICE

Introducción                                                                                 5

1. Inche ta Domitila Kuyul                                                        12

2. Mi padre que me creció se llamaba Lindor                          19

3. También se celebraban fiestas                                              24

4. Yo mis mayores sí que hablaban williche                              28

5. Los funerales se hacían tres noches de rezo                        36

6. Yo nunca ví algún machitún, pero ya hacía sí                       41

7. La última vez que celebramos la Ceremonia fue...              47

Conclusiones                                                                              52

INTRODUCCION

Conocí a Domitila Cuyul en julio de 1998. Había regresado a Chiloé, mi patria adoptiva, y me había encontrado con el folclorista Amador Cárdenas Paredes, amigo de juventud. Andaba en ese entonces recogiendo material para una novela que estaba escribiendo[1], así que cuando mi amigo me propuso de ir a Chaildad para conocer a doña Domitila Cuyul, anciana sacerdotisa williche, acepté con entusiasmo y grande interés. Me encontré con una anciana muy dulce, que por su modo de hablar y por lo que contaba me hacía pensar en la finada abuelita de mi mujer, doña Juana de Coñab, de la cual tengo un recuerdo estupendo.
Era una mujer muy amargada porque en 1995 se le quemó su casa y en el incendio se murió su hijo mayor, Juan Angel, que vivía con ella. Después de haber estado de allegada en casa de su yerno, Ramón Pinto, un par de años, Amador, que entonces estaba de alcalde en Quellón, le consiguió un sitio en Chaildad, en el fundo de Coihuín[2] y le hizo construir una pequeña casita de cinc. En realidad, la construcción se limitaba a ser el forro de una vivienda, realizado utilizando material recuperado de alguna otra construcción y por lo tanto con numerosos agujeros: no teniendo entablado a su interior, ni tampoco ventanas, entraba tanto el viento cuanto la lluvia, y en el invierno se convertía en una verdadera heladera. Ahí vivía con dos nietos, de hecho hijos de crianza. El mayor, Juan, tiene unos veinte y dos años pero tiene graves problemas de salud, así que no logró frecuentar la escuela, es analfabeto y no tiene ninguna ocupación sino ocasional. El menor, Angel, tiene diez y siete años y quiere ir a trabajar en las Guaitecas, pero no se atreve a dejar sola a su abuelita. Cerca de su casa vive una hija, María Silveria, casada con Ramón Pinto, la cual la ayuda como puede. Otilia Cheuquemán[3], acompaña casi todos los días doña Domitila y entre la anciana y la joven hay un grande cariño.
En aquella ocasión doña Domitila me habló largamente de la celebración del “ngillatún marino”, la ceremonia, como le dice ella, y también de otras tradiciones: del leputún a la manera de levantar el “patriarcal”, el arco de ramas que en la tradición williche sustituye al rewe en cuanto símbulo de la función sacerdotal de la “maestra de paz[4]”.

 
Fig. 1. Doña Domitila Cuyul y Alberto Trivero.


 
 

 

 

 

 

 

 

 

Fig. 2. El área de Compu (Isla Grande de Chiloé).

Viendo que sus condiciones de vida eran tan modestas e inadeguadas al clima, me empeñé en ayudarla de alguna forma. Así que meses después, en Italia, conseguí la ayuda económica de tres pequeños Bancos Cooperativos[5], y en enero de 1999 regresé a Chiloé, para realizar la completa resistemación de su vivienda, hasta asegurarle la necesaria dignidad. Esa fue también ocasión para quedarme algunos días viviendo en la casa de doña Domitila, la cual me contó toda su vida, y también para entervistarme con familiares y vecinos suyos. Estas conversaciones no se desarrollaron como entrevistas, sino fueron muchos más informales. Si bien en parte fueran grabadas, su informalidad hace que su transcripción literal sea poco intelegible y hasta inoportuna. Esto porque a menudo se refieren también a otras personas, o bien a aspectos muy personales.

El diálogo con doña Domitila estuvo facilitado también por el hecho de tener un buen conocimiento del modo de vivir y sentir de la comunidad rural de Chiloé, habiendo vivido en Achao por algunos años, y por ser mi propia esposa de origen williche, de la isla de Caguach, la misma islita de la cual es originaria la familia materna de doña Domitila[6].

De estas conversaciones emerge la vivencia de una familia williche en el Chiloé de la primera mitad del siglo, que no es muy diferente de la de cualquiera familia de campesinos pobres, no importa su etnía. Pero para los williches pesa también el arbitrio que tienen que sufrir a causa de las grande empresa forestales que tratan sin cesare de apoderarse de sus tierras. Cada vez que hay un pleito, los tribunales siempre les quitan buena parte de sus tierras y así los cercos se corren. Y sin necesidad de tribunales, las forestale corren igual los cercos y posteriormente ellas logran “sanar” la situación a su ventaja. Esta es la realidad indígena, no solamente en Chiloé, sino en todo Chile.
 
Fig. 3. Don Carlos Lincomán, cacique general de Chiloé (foto de Javier De la Calle).

También emerge la agonía de una cultura que, en buena parte, ha perdido su propia identidad histórica. El problema más premiante - la recuperación (o más bien, el impedir que se siga con la expropiación) der las tierras ancestrales - ha puesto en segundo plan la conservación de las tradiciones étnicas: costumbres, idioma, religiosidad. En particular, doña Domitila vive el contraste entre viejo y nuevo que se convierte en su  enfrentamiento personal con el cacique general de Chiloé, don Carlos Lincomán, que por su parte no tiene ninguna adversión hacia una componente de su comunidad, pero tiene que favorecer su evolución cultural asegurando a la escuela local, la de Molulco, un profesor con los necesarios títulos para enseñar y, siendo el mismo evangélico, poco propenso a celebrar rituales religiosos que entre los mismos williches ya no tienen vivencia y sólo se convierten en ocasiones folclorísticas aprovechadas por los turistas y, de esta manera, totalmente banalizadas.

La agonía de la sociedad williche del Chiloé es también accentuada por la falta de alianzas políticas. Los conservadores apoyan sistemáticamente a los latifundistas y a las empresas forestales. Los progresistas a menudo reducen la lucha indigenista al conflito de clase e veen en los mapuches que luchan para reivendicar su propia autonomía, nada más que un episodio más de la lucha entre proletarios y dueños del capital. De esta forma se viene negando lo esencial de esta lucha: salvaguardar la propia identidad étnica y cultural. Al final, tanto los unos como los otros coinciden en ver la “solución” del problema mapuche con su completa “asimilación” en la sociedad chilena, y no en su supervivencia. Una sociedad, la chilena, intolerante hacia el “diverso”, autoritaria hacia el pobre, exasperadamente centralista, nacionalista e incapaz de admitira un estado plurinacional, convencida de ser el “jaguar” de la América latina y por lo tanto poco dispuesta a comprender aquello que no corresponde a su diseño ultraliberista.

Este libro quiere reportar el testimonio de doña Domitila, la última sacerdotisa mapuche[7] de Chiloé. Se basa en las conversaciones que tuve con ella en enero de 1999 (en buena parte grabadas: cerca de 8 horas de cintas), integradas con cuanto me contó en el encuentro precedente (no grabado, pero sí objeto de anotaciones). Los relatos de doña Domitila han sido también confirmados en entervistas con numerosos exponentes del cacicado y de la cultura williche: de allí las notas que complementan el texto mismo.

Los relatos de doña Domitila no han seguido un orden cronológico, ni de otro tipo, sino se han desarrollado así como se daba una normal conversación: sin alguna guía. De aquí que para darles mayor intelegibilidad en el presente texto se han reordenado en modo prevalentemente cronológico. Además se sacaron las numerosas repeticiones y, sobre todos, aquello que atañe aspectos delicados y personales relativos a otras personas. Sin embargo el texto mismo: y también en la impostación sintáctica y lexical se mantuvo intacta la dicción original de la maestra de paz, aúnque a veces entenderla pueda costar algún esfuerzo. De esta forma también se quiere documentar el modo de hablar característico del campesino chilote.

Así mismo esta pequena obra quiere documentar las memorias de doña Domitila Cuyul que, como ella misma afirma, “qué más años Dios me tendrá en el mundo: después ya él me llevarà, y quedará todo, y se perderá...”. Para que todo ésto no se pierda, tal vez sirvan estas letras.

Y en fin, este librito quiere también quiere ser un homenaje a todos los mapuches de Chiloé y a mi propia esposa: Rosita.
 

1. Inche ta Domitila Kuyul

Inche ta Domitila Kuyul, Chilhué füchá tun kunoi. Me llamo Domitila Cuyul, y soy maestra de paz de Chiloé. Eso sí que soy. Tal vez la última maestra: ojalá que no fuera así, pero me creo que yo voy a ser la última. Eso me creo yo. Nadie más quiere dedicarse a los estudios estos, para éso hay que ser muy memorioso, ni siquiera mi nieto Juan, que sin embargo es memorioso, aúnque le costó ir a la escuela y poco sepa leer y escribir. Soy vieja, yo. Así po’... Pero no tanto, que me dicen que no estoy tan vieja. Así que... Pero es que... no sé... yo a veces me parece que ya estoy demasiado vieja, y otras veces que no.
Yo es que he sufrido mucho en mi vida, yo. He sufrido sí, porque nací pobre. Y también india, nací, así es que, y los pobres tienen que sufrir, y más cuando son indios. Así no más. Que mi apellido es indio. Indio legítimo, williche, y me parece bien ser india. Buena cosa, me parece. Niuna gota de sangre española tengo, no mis padres, no mis abuelos. Mucho más mejor así que tener la sangre de nuestros enemigos. Porque los winkas han sido malos con nosotros. Muy malos han sido. ¿No es qué?
Así que he sufrido mucho en mi vida, yo: por pobre y por india. Por ésto que me parece de ser muy vieja, pero no soy na’ tan vieja, no. ¿No te parece que no soy tan vieja no?
Yo fui nacida en Aituy. Eso queda ahí por Queilen, siguiendo el camino hacia Chonchi. En el campo, queda, pero muy cerquita de la playa, un poco como aquí en Chaildad, que es monte pero cerquita no más de la mar. No que me acuerde, porque yo era chiquitita que me trajeron aquí y desde entonces siempre he vivido aquí, aúnque anduve por Quellón, por Chonchi y también por Castro. Parece que los Cuyul son de por ahí desde siempre. Cuando el Señor hizo Chiloé y puso en cada lugar a una familia, en Aituy puso los Cuyul, así creo yo.

 
Fig. 4. Domitila Cuyul Cuyul.

Mi abuelita materna no, no era de acá. Parece que ella venía de Caguach. Hueicha es su apellido y me dijeron que viene de Caguach. Quizás. Así tiene que ser, po’. Mientras mis padres que me criaron, ellos son de aquí mismo no más. Remolcoy es mi papá que me crió. Por ésto es que se vinieron por aquí cuando yo era niñita, porque de por aquí eran él y tenía una tierras, por acá en Chaildad[8]. Cuatro años tenía yo cuando me vine a Chaildad, donde me crecí hasta ahora.

Mi mamá no la alcancé a conocer. Agustina, se llamaba, Agustina Cuyul Hueicha. Mi crecer fue muy triste. Igual uno sufre cuando es huérfana: mi mamá se murió que yo tenía ocho meses. Yo tenía como cinco meses parece, dice mi mamá que me creció, cuando ellos me recibieron.

Mi finada madre la hecharon pa’ fuera sus mayores, así que andava por las casas, por ahí. Por ahí me andava trayendo. Y la hecharon pa’ fuera porque había quedado con guagua y no querían verla. Mi madre no era muy jovencita nada: igual tuvo cuatro hijos de soltera y entonces esa fue la rabia de los mayores. Así que ella andaba no más por las casas. ¿Mis hermanos? ¿Quizás por dónde andarán? Estarán vivos, estarán muertos... Fuimos cuatro hermanos igual... Pero es cierto... Me llevaba bien con mis hermanos, sí, este... pero yo era chica esos años cuando veía a mis hermanos... Estarán muertos todos, creo yo, que yo era la quepuchita[9]...

E igual mi finada madre que me creció, le tocaba ser parienta con la mamá mía, era sobrina la mamá que me creció: sobrina legítima, hija de otra hermana.

 

Agustina Cuyul Hueicha
(»1895-1928)
Domitila Cuyul Cuyul
¥
Antonio Huenteo
(1927)
(?-1978)
Juan Angel
María Silveria
¥
Ramón Pinto
José Octavio
Anacelia
(»1947-1995)
(1950)
(1962)
(»1965)
Juan Bernardo
Angel Octavio
(»1975)
(»1982)
Otilia Chequemán
¥
Jorge

Liberio

René

Alejandro

Orita

del Carmen

Marcela

Serena

(1974)
(1976)
(1979)
(1982)
(1988)
Jorge Alejandro
(1998)
Padres adoptivos: Lindor Remolcoy¥ Carolina Hueicha
Fig. 5. Descendientes de doña Domitila Cuyul: los nietos Juan Bernardo y Angel Octavio viven con ella.

Entonces ahí fue que lo conversó con su marido, así que le dijo: “la Agustina anda, así que le dijo, por las casas con sus chicas: ¡la manera de traer esas criaturas! Y si tú tuvieras buena voluntad, la pudiéramos crecer, porque, así que le dijo, apenas tenemos tres hijos y después vamos a quedar solos. Haciendo esta gesta, así que le dijo, yo con toda buena voluntad la creciera esta chiquita”. Así que. Mi finada madre era una niña soltera: no tenía quien le compre nada. Esa fue la voluntad de Dios, así no más tenía que vivir. La manera que ella decían que me andaba trayendo. ¡Qué le vamos a hacer!
En los tiempos cuando nací yo, las guaguas nacían en su propria casa, con la partera. Cuando eran matrimonio, el hombre tenía que tener sostenida su mujer para que vaya a nacer su guagua. Porque uno cuando cuidaba una mujer en el campo no era nunca como ahora en el hospital. En el hospital lo dejan ahí que grite no más y en la hora que viene la guagua dicen que lo van a recibir las... las matronas. Antes no era así. Yo he cuidado montón de mujeres y guaguas: pero hasta la hora que las mujeres les venían sus dolores por tener el hijo, uno no estaba por ahí siquiera. Así que... Y después cuando venía la hora que Dios hacía nacer la guagua, entonces sí que el hombre sostenía su mujer esa.
En los tiempos cuando yo era niñita y una mujer tenía guagüita, la recibía una partera. ¡Yo misma fui partera! Yo tengo cuantos nietos aquí por los alrededores, que los recibí cuando vinieron al mundo.
Ahí mismo no más, en su casa nacía la criatura. No habiendo donde, la criatura se guarda por ahí: ahí se recibe la guagua, en el mismo fogón. Ahora se tiene cambio, pero entonces nada. Yo mi nieta cuando tuvo su guaguita - el chiquito hombre que tiene: la mujer del Jorge[10] - ¡esa chica cuanto sufrió porque tenga su chiquito! No lo pudo tener en su casa. Come que fue, gritó toda la noche, y no hubo caso, y el otro día la llevaron para Quellón, en la mañana. Porque esta es una enfermedad que hay que tener piedad: hay que sufrir para tener un hijo. Pero antes no, antes al lado del fuego se tenía la guagüita.

Entonces nacía la guagüita y ahí la lavaban con agua, en un lavatorio en la casa, o en una fuente, en un lavatorio, como se usaba, que se tenía un lavatorio adentro del otro. Ahí no más se largaba la guagua y el agua y después listo... y listo. Y viene envuelta con un paño y con una faja. Antes no había como ahora, que nada, que una guagua le ponen paños, le ponen esos calzones de goma. Yo, jamás, ésto: mis dos hijos hombres que tuve... mis nietos... nadie. Viene envuelto no más. Y son unos hombres firmes, y a veces que lo crecen así con estos calzones... y crecen hasta chuequitos estos hombres, sin fortaleza en la cintura. No se hacía ninguna fiesta nada. No. Sólo se hacía una comidita, según la hora que nacía la guagua.
 
Fig. 6. La casa de doña Domitila Cuyul después que ha sido reformada.

Acá no se usaba envolver la manito de la niñita con una telaraña[11], como dicen que hacen los mapuches. Nada. Eso no que no se hacía. Se lavaban y se vestían y se envolvían sus manitos adentro de los paños y se apreta con la faja. No: acá lo de Lalén Kusé no lo escuché nunca.

Para darle su nombre a la gagüita decidían los padrinos. Los padrinos le ponían nombre: a veces lo hacían después de quince días, a veces después de un mes, hasta que los mayores podían tener algo para atender sus obligaciones. Y ahí le hacían un asado, una comidaje, para atender a los padrinos. Antes era muy dura la vida. Para el bautizo se esperaba. Cuando se iba a Queilen, con el bote se iba que no había camino. ¡Dónde iba a haber camino! Con el bote, se iba, con vela. Si el tiempo era bueno. Y el cura cobraba. No había la plata, pero igual cobraba. Sí que...
 
 
 
 
Fig. 7. El bisnieto de doña Domitila Cuyul, José Alejandro Pinto Cheuquemán y su mamá, Otilia Chequemán, esposa de Jorge Liberio Pinto Cuyul.

A la gente no le importaba si el hijo que nacía era hombre o mujer. Lo que Dios da no más era. Sea mujer u hombre, porque en esta vida todo vale. A veces cuando se sabe crecer igual a la familia, hay que tener orden, tener educación para crecer una familia, uno. Y después hombres que manden, que no anden criticando a otras personas que son igual hombres, peleando como se dicen, como otro lo acostumbran ésto. Ahí donde que uno tiene que aconsejar a los subidos. Si yo... mi hijo este, no sé cuanto años tendrá y yo no lo he visto pelear con nadie. Ahí está mi finadito hijo. Murió de cuarenta y nueve años mi hijo: nunca peleó con nadie, jamás, y él aconsejaba al resto, los menores, que sean como él era en su vivir. Esto decía: que no es ninguna ganancia andar peleando, insultando, tratando mal a otro, nada de éso. No le gustaba a él.
 

2. Mi padre que me creció se llamaba Lindor

Mi padre, él que me crió, se llamaba Lindor: Lindor Remolcoy. Cuando yo era niñita, los mayores vestían con los vestidos que ellos mismos hacían al telar. Las mujeres hilaban y tejían, y teñian. Eso hilo... se hilaba... Mi finada mamá hacía una linda hiladura de una diez mujeres. Así que después buscaba esos pastos en el campo - que todavía hay tantos de ésos ahora en estos años - y de éstos se teñía: se teñía café, se teñía negro... Y de éstos se hacían los pantalones de los hombres: nadie ponía pantalones de género, medias, calcetines, de donde se iba a llevar. Y las mujeres andaban vestidas de lana. De falda, así como ando vestida ahora yo, y una blusita encima las niñas: de esas bolsas donde venía la harina, de ésas se hacía blusas, y encima de lana también, de colores. Una chaleca, como unas chompas de lana hacían igual. Lo que se hacía con lo que podía no más, se vestía uno. Así pues me crecí yo.
Tampoco nos conocíamos el arroz. Yo no conocía el arroz ni los fideos, nada de éso cuando me crecí. Comíamos la pura cosecha de la casa. Se cosechaba el trigo, se limpiaba, después, se molía a veces una chigua de trigo y había harina pa’ todo tiempo. Se tostaba el trigo. Eso lo hacíamos desayuno. Y cuando no había trigo, se cosechaba el junquillo y también harina con éso hacíamos. Harinita de pobre, po’...
Habían molinos de agua con la muela de piedra. A veces hacíamos harina molida en piedra de mano. ¡Eso sí que era trabajar! Niñita chica, era yo, y moliendo harina en piedra de mano. Entonces se hacía... mi finada madre tenía de esos hornos así... de barro que le decían. Y hacía una hornada de milcaos. Los amasaba con harta manteca y la linaza molida. Y de ésto se desayunaba.
Carne, a veces no más se comía. A mis finados mayores no les gustaba. En tiempo de invierno ellos no carneaban ovejas, solamente chanchos, porque decían que esa carne de oveja en invierno estaba flaca, que tenía un gusto... no sé...
A las niñitas les cataban las orejas chiquititas. Yo no sé cuanto de edad tendría cuando me cataron. Yo... le diré... mi papá que me creció tuvo un hijo: entonces él dijo que me cate, mi finado hermano de crianza. El me fue a comprar un parcito de aros en el pueblo y me lo dió que lo tenga en mis manos y yo con este interés ¡que sentía mis orejas! Me la agujerearon pa’ que ponga mis aros. No me dolió, no. Yo tendría unos seis años... cuatro tenía, sí, porque ya estábamos acá, en Chaildad.
Mi casita era una casita no más, hecha de madera entera, cocina fogón no como ésta. Ahí nos atendimos y después de muchos años mi finado padre hizo una casa que se le nombraba “casa grande”, antes: pero entera de madera no más igual, sin ningún arreglo, nada. Cuando niñita, vivía en una casa que tenía sólo el fogón, sin ninguna pieza nada: dormíamos en el fogón, en cualquier pilchita por ahí. Tampoco tenía entablado, sino de puro quincho. Quinchos[12] no más por paredes, que pasaba el frío y la lluvia, cuando tiraba el norte[13]. Sí que entraba la lluvia, cuando tiraba de norte. Sí, que...
No habían cuartos nada. Un solo cuarto toda la casa, con el fogón en el medio y los catres alrededor. Muebles no teníamos, casi no teníamos.
Tomábamos agüita pa’ calentar el cuerpo, porque hacía frío el invierno. Agüita con alguna cosita, pa’ engañar que fuera. Sin azúcar. El azúcar se guardaba en una bolsita de género. Arriba del fogón, se guardaba el azúcar, pero agüita no más, amarga. El azúcar para cuando enfermo, entonces sí, cuando ya uno se enfermaba entonces le daban azúcar en la agüita, y también la quemaban, el azúcar, y la molían con un palito hecho ceniza, un palito de luma, así decía mi finadita mamá, azúcar quemada molida con la ceniza de la luma. Eso el daban para que uno mejorara su estómago.
La casa una vez no era nada donde después. Arriba, estaba, y era muy ventoso, así que hubo que bajarla donde quedaba mejor. No sé, yo era muy chiquitita, ni me acuerdo, pero me contaba mi mamita, me contaba que pusieron yuntas y la tiraron. No sé cuantas yuntas serían: muchas me creo yo. Así no más tendrá que ser. Pero tal vez fue porque esa tierra se la quitaron, por eso fue que tuvo que bajar su casa.
Porque llegaba la forestal, la Explotadora[14], y tenían títulos, decían ellos, y te hechaban. Con los carabineros, venían, y te hechaban no más. Sí, que... Y uno siempre que había vivido ahí, pero los de la forestal tenían papel, papel tenían, y teníamos que salirnos no más, y si alegábamos nos detenían, porque con los carabineros, venían, con escopetas, sí, con escopetas.

 
Fig. 8. Tiradura de casa.

Un tiempo, decían los finados, el indio era dueño de su tierra, que era de todos, así po’, y nadie le decía donde tenía que andar. No había porque cercar la tierra. Niun quincho, había, entonces: así me contaban mis finados padres, que no había porque cercar la tierra, porque no era de uno la tierra. Entonces si no era de uno, ¿cómo uno iba a cercarla, la tierra? Pero éso era mucho antes que viniera el rey de España. Después vinieron los winkas y dijeron: ésta es tierra nuestra, váyanse no más que es para peor si no se van. Pero, digo yo, la tierra es de Dios. ¿Cómo es posible que la tierra sea de los winkas? De Dios no más es la tierra y sus frutos. Los frutos crecen porque el sol los calienta y el agua le quita la sed. El agua y el sol vienen de Dios. ¿Cómo es posible que la tierra sea de quien sea? Explícamelo tu, peñí, ¿cómo puede ser?
 
 
 
Fig. 9. Título accionario de la Sociedad Explotadora de Chiloé.

O porque era muy ventoso, ahí donde estaba la casa, por eso la tiraro p’abajo. Ya no me acuerdo yo porqué sería. Tan chiquitita que era yo.

Entonces a veces venía un forastero: winka era el forastero. Ahí po’ las mujeres se escondían con los niños, porque sucedía que los winkas se tomaban a las mujeres. No querían na’, las mujeres, pero igual se la llevaban. Así po’... Y los niños chicos también se llevaban. ¿Para dónde sería, que se lo llevaban? Yo éso no lo se. Ni porqué sería. A veces creo yo que se lo llevaban pa’ comerlo... eso creo yo[15]...

Cuando yo era niñita anduve a la escuelita. Los maestros venían de acá mismo. Yo anduve dos años no más a la escuela, más no, pero en cambio que cuando salí de la escuela no sabía nada casi. Donde aprendí, cuando tomé mis estudios en mapuche: ahí sí que me corregí bien. Y ahí aprendí: escribir, leer. Ahora... porque me empaña la vista, que voy quedando, y con todos lo que he sufrido y llorado, hace que me queda difícil leer. A lo mejor, con unos lentes...
 

3. También se celebraban fiestas

También se celebraban fiestas, pero en Compu nunca se celebró San Juan: la fiesta del Carmen no más, porque acá en Compu hay una Virgen del Carmen, así que ésta todos los años sí la celebran los católicos. Y nosotros íbamos: cuando yo chica íbamos a misa, pero yo después de grande no, porque... ya tengo otro deber.
Cuando yo era niñita hacíamos una fiesta familiar, éso hacíamos nosotros pa’ San Juan. Mi finado padre tuvo un hijo que se llamaba Juan, Juan Pedro, y éso le daba que para San Juan se celebraba su onomástico. Después se murió en el mar por ahí. Tenía veinte y cuatro años, anduvo a Guaytecas, a las cholgas. Dijo: yo me voy a Guaytecas, a las cholgas, con Huachipán para que tengamos plata y compremos las cosas para San Juan. Así que se fue, anduvo lo más feliz, hicieron cualquier cholgas, pescado... Entonces él no salió a negociar sino que dejó su parte de cholgas, pescado. Lo dejó por los mismos compañeros. Dijo: yo no me voy a quedar en mi casa, dijo, porque tenemos que comprar la tal cosa para la finada mi mamá.
Tenía un chancho al cerco que le decía, un tremendo chancho, parecía un ternero, pa’ que se celebre San Juan, una fiesta decía él así de grande. Así que se fueron a Quellón un día.
Mi finado papá tenía una hija casada en Aituy, ¿y ella no más vino primero su hija? Pero en el día se fue a decirle porque van a comprar esas cosas con una chiquita que tenía, así como la Marcelita[16] era, pero menos edad tenía, cinco años de edad.
Y así que... yo no sé si vendrían borrachos porque en ese tiempo yo era chica: tendría unos seis años, yo, más no tenía. Se dieron vuelta con su bote esa noche. Se dieron vuelta. Murió él, el finado Juan, murió su cuñado Manuel Nitor y su sobrinita: los tres murieron. El con su sobrina, o sea que la finada no... no largó, dicen, su chiquita de los brazos. Entonces, ahí fue que quedó la chica en los brazos de su mamá. Y él dicen que se amarró en el mismo barco, en el bote. Dicen que le dijo: no se larguen ustedes, que le dijo, en el bote, porque si se largan se van a morir. Y él se murió. Era un viento norte esa noche, andaban a vela.
El San Juan fue que... de velorio. Y que... la carne del chancho fue pa’l velorio: ¡esa fue la alegría que había pa’ celebrar San Juan! La muerte de él. Así que... de ahí no celebrábamos ninguna fiesta, na’, en nuestra casa no.
Antiguamente el joven o una niña, nunca andaban solos como ahora. Acompañados... Esto todavía yo lo alcancé, un poco ésto lo sé. El padre salía con sus hijos y la mamá con su hija. Yo me senté aquí si tenía una hija o dos, la señora, a cada una por lado. Y si salían a bailar haciendo una fiesta, ésto yo no lo alcancé porque no salía a niuna fiesta cuando era chica, decía mi finada madre que tenía que sacarle permiso a la mamá para que le hallen su salida. Y si el niño quería tomar, o quería tomar una una botella de vino o de chicha que sea, tenía que darle el permiso el padre. No teniendo veinte y cinco años, nadie fumaba un cigarro sin que el padre le diera permiso. Ahora...
Eran los padres que decidían el matrimonio. Los padres. Los padres decidían de todo. Decía mi finado papá. Yo después cuando estuve chica, igual lo alcancé porque... si un padre, o sea si los mayores, no estaban de acuerdo, o sea no le caía en gracia ese hombre o esa mujer, no se casaba no más el hijo, po’. Si eran ellos que mandaban. Y donde había buena voluntad, los novios como se dice y los mayores, tampoco se usaba la fiesta en un casamiento. Pura comida no más.
Eso sí yo lo vi porque cuando se casó la finada Rosa, la hija de mis papás, después cuando quedó viuda, serían unos tres años no más que se casó, ahí... fue pura comida no más. Yo era chica, entonces. Bueno, ya tendría... No, po’, no tenía doce años porque yo cuando... cuando vino el cacique[17] y yo empecé a aprender todos estos estudios que tengo tenía sólo ocho. Doce años tenía cuando hice la santa Ceremonia[18], y de ahí me fui p’arriba.

 
Fig. 10. María Silveria, la hija mayor de Domitila Cuyul.

 

 

 

Era mucho trabajar la vida entonces y nada de fiestas. Mi padre que me crió trabajaba arriba en la cordillera, bajando madera. Muchas veces a hombros para que la trabajen. Alerce, y esto... ciprés. Cuando tenía así unos diez varas de madera ésta la entregaba. Después cuando crecieron mis hijos él hacía una vida mejor: no tan bien, pero siempre se hallaba un pedazo de pan, siquiera. Cerca de Cucao iba a sacar el alerce...

¡Dónde íbamos a tener pa’ fiestas!

 

4. Yo mis mayores sí que hablaban williche

Yo, mis mayores sí que hablaban huilliche cuando yo era niñita. Mi papá que me creció, éste seguía su deber antiguo. Entre ellos también hablaban huilliche, mis padres: algunas palabras, no mucho, eso sí. Sabían rezar también. Yo mis mayores donde me crecí.
Después, cuando vino un maestro de paz de por allá, de la costa, de... de San Juan,  fue el maestro de paz que vino. Vino un cacique[19] de por ahí a formar esta comunidad indígena que hay. Entonces esos años, ellos fueron muy entusiastas. Cuando después vino el maestro[20] se hacía esa grande ceremonia[21], se contaban unos cinco cercos, con todo su gente venían a la ceremonia, los llevaba por ahí una señora que todavía está viva, su suegra era muy constante y su marido para estas cosas, se llamaba Juan Panichine[22] el tío. Así que por ahí íbamos todos.
Yo era una niña, era jovencita yo, pero ya sabía. Era esta ceremonia muy enérgica, muy alegre, que uno parece que no sé donde andaba con toda esa música que había. Pero sí que no se bailaba rancheras ni corridos ni nada: era pura musica chilota. Acordeón y guitarras y violín. Pero no radio, niuna: éso no se admitía no.
Y ahí se bailaban los bailes antiguos. Los que bailan ahora los conjuntos no son ni parecidos a los que bailabamos nosotros. Tienen más diferencias, los de ahora con los de antes. Yo siempre les digo a los chicos de aquí, si yo tuviera sólo un compañero que baile para enseñarle al conjunto de don Amador[23] como bailabamos nosotros. Ya no hay nadie que sepa bailar. No hay nadie, no, nadie, nadie. Solamente yo que tuve que quedarme con los chicos[24]... No sé si Dios me desamparó, no sé como fue que está tan fea la vida en este mundo, después de tanto sufrir, yo por aquí como lo ha hecho el Señor sería, desde muy antes...
Yo me quedé viviendo en mi casa cuando empecé mis estudios de maestra de paz, en mi casa. Solamente ibamos en quince días: tenemos que recetar todo lo que nos daba él... Había un mensale: en quince días teníamos que saber todo el estudio que nos daba y darlo en memoria. Por ésto que uno aprende fácil.
De todos los que estudiaron para maestro de paz, todavía algunos están... Fuimos doce  hombres y doce mujeres que.. que en ese tiempo el finado Juan de Dios hizo clase con nosotros pa’ que estudiemos el idioma.
Maestro de paz fue mi hermano de crianza que se murió. Entonces después él se casó y la mujer no estuvo de acuerdo que su marido siga sus estudios. Entonces el finado maestro, como yo sabía más que todos, me nombró de... con este cargo que tenía mi hermano. Así que... Sí, yo... Doce años tenía cuando me nombraron y ocho cuando empecé a estudiar. Era chica no más cuando empecé a estudiar... Así voy no más... Igual que ahora, porque quemó mi casa quemaron todos mis cuadernos. No me quedó nada. Pero, con lo que tengo en mi memoria, yo no los quiero más... Eso que a mi hija, a la María Silveria, nunca se le ocurrió ser maestra de paz como yo. No se le ocurrió... no sé que iría en éso, no sé... yo creo que no... quizás le daría el vergüenza, no sé que... Ni siquiera aprendió la lengua. Nada. Y yo a veces le he dicho a mi hija: hija, yo te podría enseñar, qué bien sería, pero... (se ríe).
Fig. 11. María Silveria: una mujer muy constructiva y positiva, de grande generosidad, a la cual no le faltan nunca las ganas de trabajar.

Qué más años Dios me tendrá en el mundo, después ya él me llevará... El Señor me llevará, él... y quedará todo, se perderá...

Claro que no reniego con la iglesia ni con los rosarios: yo soy rezadora de rosarios, novenas. No me queda difícil nada. Dios me dió este don para todos, así que... pero en la iglesia solamente voy cuando muere una persona. Ahí. Y en los velorios también me vienen a buscar de por abajo, de por Chadmo, cuando muere una persona. Por ahí voy. Yo nunca me hago problemas, porque yo sé que éste es una ayuda pa’ mi.

Rezar con todo mi corazón a un alma vale mucho, porque hay algo... algo que igual tiene su poder. Yo misma lo confermo porque yo tengo devotos. Allá en Lelbún hay un almita: ya había una niñita que cayò al agua y se murió. Esta, haciéndole una promesa es muy cumplidora. Igual que Jesús Nazareno de Caguach. Yo jamás había ido. Nunca había estado en Caguach, no, pero ésto sí que yo me maravillé porque yo en este mes de enero anduve con mi hija y ese hijo que crecí, Juanito, y tres acompañantes más, una ventina de Castro se fueron igual. Y me maravillé porque Jesús Nazareno es una bendición de Dios, ¡y cuanto vale lo que él hace! Su poder es muy grande.

En esos años todavía no había comunidad huilliche organizada. No todavía. Hasta después, cuando vinieron de Osorno. Hasta después que yo tenía ocho años, cuando vino Juan Fermín Lemuy finado: ése vino a organizar las comunidades, por todas partes. Así que empezó... dieron aviso para todo él que quiera organizarse en una comunidad, toda una reunión que dijeron que fue muy grande en Yaldad. Ahí se fue mi finado padre y así estaría. Antes no había carretera como ahora. No habían buses, camiones, ni una cosa. Ahí se fueron también mis finados padres. Y de esos años hasta que se murió... Duespués cuando vieron como era, entonces me dijo que me fuera a ver entonces a la comunidad de Compu para que yo... yo quede como socia.
Fig. 12. El primer hijo de Silveria María, Juan Bernardo, el nieto que doña Domitila creció como hijo.

Yo trabajé ¡cuantos años en comunidad!, junta a mi esposo, trabajo... anduve quince días cocinando pa’ los ingenieros cuando midieron este fundo de Coihuín. Yo éso sí que veo que mal lo aproveché el estudio porque el cacique que hay ahora nunca me favoreció en nada. Esto... esto yo estas quejas le tengo a él. Así que... y mi finado padre él me decía: nunca, nunca te retires de la comunidad porque la comunidad después va a tener vida larga si nadie se aparta...

Cuando yo trabajaba, lo hacía con mi hjo en la espalda. Que son las personas que me veían... me veían que yo trabajaba así, po’. Y así se van mi niñito primero... tenía pocos años y después vino el otro. Y la casa que teníamos entonces tenía las paredes de quincho y el techo de paja y de pura tierra el piso, de pura tierra.

Y el fogón era un fogón chilote no más, sin tablas alrededor, así no más, y para dormir teníamos un catrecito de la misma madera no más, no comprado nada, así no más que... y así era toda nuestra manera de sufrir y de vivir porque... después cuando ya cayó esa rama que tenía por fuera se veía la pampa de adentro la casa, la pampa afuera... Y así pasamos años que nos daba vergüenza igual cuando llegaba otra persona a nuestra casa a visitarnos...

A veces igual yo le decía a mi viejo, ¿pero cómo vamos a vivir así?, tanto trabajar, tanto... Yo le decía yo, bueno, ojalá que algún día mi Dios me escuche, le decía yo, y tengamos una casa como cualquier persona, ¿no? Y recibíamos a veces desprecio de la misma familia... Y mi hija, la María Silveria, igual fue sufrida su vida. Y tan trabajadora que ella es, tan cariñosa para conmigo...

Igual cuando se casó vivía en ruka de quincho, con el techo de paja. Una vez, yo siempre me acuerdo de éso, cuando compraron televisor, uno bien viejito que todavía tienen ahí, dijo una señora, una sobrina mía fue, le dijo: yo, dijo, la manera de vivir de ustedes, nunca compraría ese televisor, porque uno lo tiene todo cochino, todo mugre ahí, dijo. Dios mío, ¡yo me dolió tanto el juicio, yo me dolió igual que mi hija! Bueno, yo le dije, pa’ que miren no más los chicos, porque cuando querían mirar un partido, así yo, se iban a la casa de mi sobrino. Después para que naiden nos diga mi hija compró el televisor... Y todavía vivíamos en la casa de antes, cuando compró el telelvisor, que estaba igual que la mía cuando... antes que la arreglen... Así, po’...

Y gracias a Dios luchamos y luchamos, sufrimos, pasamos buenas y malas, y... y gracias a mi Dios que ni siquiera se como agradecerle a mi Dios que me dio la salud a mi, a todos mis chicos y salimos adelante.

Yo hilaba, mandaba a hacer frezadas, y cuando me faltaban peso ya me vendía una frezada, dos frezadas, y con éso ya teníamos plata. Y crecía animalitos, gallinas, ya me vendía una vez de gallinas, me vendía pan, y así... Antes no trabajaba mi viejo y yo llevaba papas pa’ vender a Quellón. Todo a hombros las sacaba esas papas. Las sacábamos a la carretera y donde yo lo llevaba allá a Quellón pa’ venderlo, todo hombros. Cuando me las compraban, tenía que hacerlas llegar y así sufría más. Y gracias a Dios como fue salimos una vez y me hallo encantada de mi vida que Dios sí... Dios me ayudó mucho. Sufrí pero salí adelante.

Y éso que tal como yo vees que soy una maestra de paz, una profesora indígena, el día de mañana me viniera así de otros países porque hay muchos que reciben ayuda de cosas así de otros países... Bien. Así que, nunca sería así yo. Será porque no tengo... Mah... Porque uno sabe, a lo menos que persona le falta, que persona es menos que uno...

Yo no es por decirlo ahora, no me falta un pedazo de pan, una taza de café muy casualidad, o un mate. Yo empecé a tomar mate con mi pobre hijo. Trabajó fuertemente en una empresa, la primera que trabajó en la carretera que va a Quellón, entonces él pedía unos cinco kilos de hierba - yo antes no tomaba mate - para el mes, dos quintales de harina. Y yo buscaba quien trabaje en mi casa, me haga el lavado y todas cosas, porque mi finada madre ya que más años vivió, pero esta vivía enferma. Y de esto mismo de esa pulpería yo le pagaba las personas que me ayudaban en algo. Pero, uno por esto queda más pobre...

Porque dice... dijo el Señor que nunca uno sea orgulloso en sus cosas o porque... porque él haga su milagro y un hijo de la tierra sea más que los otros. No va a tener nada de malo y no hay que desagredecerle cuando se pueda. Yo he leído montones de veces la santa Biblia: por ésto yo no pienso cambiarme por ninguna religión más.

Porque dijo el Señor quedando pocos años en el mundo vendrá, dijo, ten mucho cuidado, vendrá el Antecristo, dijo. Todo este mundo terminará, dijo, y dirán que yo soy el Cristo. Y a muchos, dijo, a muchos sanará, dijo, pero este es, dijo, el Antecristo. Nunca te creas, dijo, a estas personas que vengan y digan: yo soy el Cristo. Yo ésto lo tengo clavado en mi corazón. Otras veces decía... decía que cambio de religión. Por ejemplo, él que siga la palabra mía y de Moisés, nunca se cambie a otra religión: porque se no, decía, se va a revolcar como una puerta en el ciénego. También ésto yo lo tengo en mi corazón. Por éso yo donde me llamen voy.

Todo ésto lo sufrí. A veces andaba en mi genio y veces nada porque cuando me daban pensadas unas y otras cosas... La vida mía fue muy difícil, hermano, muy difícil fue... y todavía lo es.

Cuando más no fue que me dio muerta una tarde aquí... y ahora me quedará como ataque al corazón... no se que voy a hacer, que... aquí estaré con estos mis dos chicos no más... tuve que salir pa’ fuera a tomar aire porque parece que me queda poco aire, parece, pa’ respirar.

Y esto que todavía estoy joven. ¿No me dicen a mi que estoy joven? Así que tengo setenta y dos años, voy andando pa’ los setenta y dos. Y con todo lo que he pasado, como le digo yo al hermano Cárdenas, Dios no más será que me da vida... tanto lo van a ver porque yo un rato yo... de ahí hago mis cosas... pido a mi Dios para que Dios me ayude... porque de tanto pedirle a mi Dios, come les dije a los chicos esta tarde llorando, tanto pedirle a mi Dios...

5. Los funerales se hacían tres noches de rezo

Los funerales se hacían tres noches de rezo antiguamente. Ahora es muy cambiado porque una persona que muera apenas la velan una noche. O dos noches. Y la llevan al cementerio antes que pasen tres días. Antes se hacían los velorios pero tres noches de... y se amanecía rezando la gente. Y a veces igual se velava el finado en el cementerio, después que se había sepultado. Por miedo a los pelapechos. Porque puede suceder que los pelapechos se lo lleven, por éso que es bueno velarlo después de la sepultura. Para hacer su macuñ, lo llevan. Porque pueden adueñarse de almita, todavía, pero pasado tres días ya no pueden, los pelapechos ya no le pueden hacer nada al almita esa.
Eso lo legítimo lo hallo yo, porque ahora más de dos o tres rosario na’ y la gente se va toda a su casa y queda... solamente el dueño de casa, si hay alguien que lo acompaña... queda con alguien y si no queda solo con su... con su familia en la mesa. No rezaban en lengua: puro católicos. No habían funerales con rituales huilliches. No, no. Nada.
Pero antes sí lo había. Cuando yo era jovencita, pero ya era maestra de paz, yo, sí que era. Una vez, murió un chiquito allá arriba en Molulco: un chiquito de un hombre que era de la comunidad. Yo me mandaron a buscar. Como yo sabía rezar, sabía cantar, y sé todavía a la fecha, para que vaya al velorio. Al otro día en la mañana para que pasemos al cementerio. ¡Esa sería la suerte mía que los pacos no me llevaron! Porque todos los otros que estuvieron en lo funeral en el cementerio, los llevaron casi todo esa gente, detenido... ¿porqué?, porque cantamos y recitamos en idioma. Yo no, nadie no me tomó cuenta: y yo era la que rezaba, que cantaba. Yo no me tocó nada... Pasé muy tranquila en mi casa y los otros se fueron todo adentro.
Ahora no: ahora estamos bien grandecidos por este motivo porque todas las autoridades están de acuerdo con nosotros. Ah, no, pues eso hace... montón de años ya. Yo ni cuenta me he dado.
Tenía un cuaderno yo, especial, donde anotando todo que hacíamos y todo cosa, y después se perdió mi cuaderno, no sé... donde habría quedado, pues lo habría dejado por ahí por alguna parte sola...
Para los funerales nadie tocaba guitarra: no, nadie. Tampoco cuando moría un niñito se tocaba guitarra, nunca: en los funerales no. No se toca ni se canta, solamente los evangélicos, como dicen los chicos aquí, pues dicen que hacen una fiesta. Cordeón, y unas dos o tres guitarras, dicen que... es una cosa que... que no puede estar uno, porque yo mi prima se le murió un hijo una vez... este hombre... después yo me hice cargo de este hombre... yo he recibido muchas calumnias, grandes testimonios.
Pero... bueno: por todo pasa uno. No cometiendo las cosas... no cometiendo las cosas no pasa nada, digo yo, porque Dios sabe que uno no hace nada. Y este hombre se enfermó, estuvo en el hospital, en Puerto Montt, venía por Castro y lo llevaban otra vez, sí que. Hasta después vino último que ya no tuvo remedio y los médicos vino a su casa. Así que después le dijeron: Nuncho está - así era este hombre - Nuncho está muy grave. Mi finado hijo estaba vivo todavía. Fue ver que era de Nuncho. Dijo: estoy muy mal, dijo, no sé si voy a amanecer hoy. Yo a esta hora no voy porque es tarde, mañana voy a ver. Así que... Al otro día cuando llegamos ya estaba dormido. Se había ido no más.
Me dijeron que había... Y ese... ese hombre fue que murió porque empezó a trabajar de buso pa’bajo, pa’ Guaiteca: entonces él no lo resistió éso. Dicen que se le terminó los riñones y cuando terminaron los riñones se murió. Y después...
Mi mamá se murió ya hace muchos años. Esta murió mucho antes que mi papá, mi finada mamá, y sufrió, porque ésa nunca tuvo la salud. Mi finada madre tuvo diez y seis años de enfermedad, ocho años que cuando podía caminaba con un bastoncito y cuando no estaba en cama, después de ver ella tanto sufrir, se le vino de las piernas de tanto logorarse, los dedos se les quedaron así, había que darle comida como una guagüita: todo fue de ejemplo para nosotros. Después esa niñita que tengo ahí abajo, esa me ayudó mucho. Pacientó mucho con sus abuelos la María Silveria. Después tuvo siete años de cama. En estos siete años como te conversé ayer había que darle de comer como a una guagüita porque se quedó entumida todo el cuerpo.

Después cuando murió mi pobre madre tuvieron que aplastarla como una cosa ordinaria pa’ ponerlo en la mesa porque estaba... toda torcida. ¿Cuantos años tendría esos años? Sería como... Veinte y cinco años habría tenido cuando murió mi mamá. Y después me quedé viviendo con mi papá y mis chicos...

Después mi finado padre ya estaba solito, quedando recortado por todo. Los chicos eran todavía peleados y él con su enfermedad. Y después dijo (porque mi padre era un hombre que tenía las cosas: bastante animales, vacunos, ovejas ¡más de setenta ovejas!): “después cuando verás que estoy solo y enfermo, hija, me dijo, estas ovejas, estas vacas, las que puedas, véndelo y lo otro lo carneamos. Yo no quiero tener nada, dijo, cuando llegue la hora de morir, prque si queda algo, todo lo que tú vas a sufrir. Donde mismo mis hijos que tengo, van a venir en contra mía”. Y así fue, sí que...

Sí, po’, que mis padres que me criaron, tenían hijo: pero ése fue él que me dio golpes cuando murieron. Una hija y un hijo tenían. El hijo fue el nieto, hijo de su hija legítima y lo reconoció como hijo: tuvieron ellos que darle el apellido legítimo de ella, y con ése fue que sufrí yo. Yo esta queja le tuve a mi padre, porque yo lo que me sacrifiqué para que... para atenderlos a ellos... y nunca me legitimaron. Y ése su nieto, ese lo legitimaron él era Remolcoy Hueicha. Tenía todo po’. Su interés como..., por hijo legítimo.

¿Y qué es lo que pasó después? Empezó a pelear su padre que abuelo, su padre que lo creció. ¿Ese no?, hasta que le reventaba los oídos. Yo con mi paciencia, tenía que cuidarlos. Y yo de todo hay queja, mi finado padre, ¿porqué no me legitimó yo igual como legitimó su nieto?

Cuando murió mi finado padre yo tenía... a ver, ahora tengo setenta y dos años y mi papá murió en la edad de mi nieto, el René, pues como veinte años ya pasaron, que fuimos a ver abajo, ese mismo tiempo que nació mi nieto murió mi papá: tenía quince días la gagüita cuando él se murió.

Cuando él falleció, yo no vi ningún hijo, no vi a ningún nieto... Bueno: su hija ya había muerto porque esta finada, por tan mala ésta murió primero que sus papás. Mi finado padre tuvo muy mala suerte. Ese lo peleó su yerno, lo peleó su hijo. A todos. Se limpiaron sus manos con él porque él era bien... y por herencia. Yo era la que tenía motivos porque yo vivía con él.... Así po’, casi en toda familia es...

Todavía no había borrado la hospedad de su padre, cuando él vino a pelear conmigo... entonces... nos dimos de a palos con este hombre, como verdaderos animales. Y ésto que los dos fuimos maestros de paz: primero él y después yo, cuando la mujer que tuvo no quiso que él continuara sus estudios...

Yo en estos años trabajaba en la Comunidad de Huequetrumao, hacía clases, dos días por semana, ahí nos encontramos en un monte, pero nunca me dejó vivir este hombre, hasta la fecha. Por donde andábamos, andábamos los dos: fuera una reunión, en una rogativa, los dos andábamos. Así que... no me ganó sacar de ahí tampoco. Porque yo como no era hija, entonces ellos querían sacarme de ese pedazo de campo. Pero a lo mejor... Si no es que el finado José Santos Lincomán - fue el cacique primero, antes que este “revolucionario[25]” como le digo yo - así que él... él me ayudó.

Así po’ cuando murió mi hijo. Tan buena estuvo la noche del velorio, así dicen, con caciques, y la gente que hubo: ¡qué compaña tan grande tuvo mi pobre hijo! Cuando el día que me llevaron a Compu, hubo una caravana de vehículos subieron p’acá, que yo nunca pensaba éso. Vinieron vehículos de Castro, vinieron de Quellón. Don Amador[26] cualquier lugar conversaba: ese fue mi padre, cunado me tocó tan mal, ese fue mi padre, fue mi hermano, fue todo. Me portó muy bien don Amador del tiempo que nos conocimos, y así vamos andando no más que yo no tengo nada que decirle: él, su señora, niuna cosa. Es persona muy buena. Muy humilde es don Amador, y muy compasiva. No sé si con todos será, pero conmigo es un hermano más.

6. Yo nunca ví algún machitún, pero yo hacía sí

Yo nunca ví algún machitún, pero yo hacía sí. Yo hacía curaciones, a los mismos en la Comunidad, porque yo antes hacía la ceremonia en la Comunidad, yo me llamaban que vaya allá. Ahí hacía curaciones por las personas que están enfermas, yo, con mi saber, con todos mis estudios... y se mejoraban sí, se mejoraban muchas personas sí, porque ésto anda en el corazón no más de uno...
Yo de arriba fui a cuidar una señora. Primer canto del gallo llegaron a mi casa llegó el hombre, y esta hora salí. Me fui hasta arriba donde Pablo Pinto. Ahí... Esa mujer sufrió mucho, pero igual... ahí está con su guagua porque yo... No sé, sería herencia que Dios me dio: yo mi finadita abuela de parte de mi mamá, ésta... ésta operaba a las mujeres que no nacía su guagua... Ella le ponía la mano no más en el cuerpo y buscaba así de que forma venía su guagua y la enderezaba si estaba mal puesta. Esto hacía mi finada abuela. Decía mi mamá que ésa era muy buenaza. Yo no sé. Penseré que yo habría llevado...
Pero no siempre se mejoraban. Como le pasó al Nuncho, que no se mejoró na’.
Su chico andaba a la escuela y el mío se enojó siquiera ese día: por la chica de él parece que fue... Esa tarde llegó arriba a mi casa, que arriba vivíamos en ese campo, con un tremendo bastón. Pasa, le dije yo. No: aquí no más. Yo vine a ver tu nieto porqué así tan... tan pasado, que eso hizo por las chicas, lo peleó, no sé que. Mal, le dije yo. Yo no te puedo decir nada, vecina. Ese chico, le dije, en la escuela y éso pasa a todos, y nosotros, le dije yo, no vamos a creer lo que nos lleguen contando nuestros hijos, que ésto no paremos, le dije yo, sin parar mal. En peleas de niños no hay que meterse.
Así que... me empezó a insultar la pobre mujer que yo me dió una rabia a mi... Ahí me dijo que yo me comí a su hijo: con riñones y todo me lo comiste, me dijo. Y ahí estaban nuestros dos chicos, mientras mi otro hijo no estaba porque ese, como digo, vivían trabajando por la Guaiteca en esa faena de merluza que había. Venía a andar, estaba un mes, venía uno, estaba dos meses... Así que...
Pero pasó años que no nos vimos días ni tardes. También he cumplido una promesa. Yo le dije: vecina, te voy a hacer una promesa. Yo no soy bruja pa’ que te maten; pero yo, le dije, sé adonde voy a hacer una promesa, le dije. Así que... Pasamos años. Nos encontrábamos igual que dos vacas, porque las vacas nunca se miran con cara buena. Así que...
Ahora sí, ahora cuando murió mi hijo, ese día llegó, me fue a hablar... pero, no sé sería porque... ella llegó no más y yo tampoco puedo decirle nada porque en una cosa de ésta uno no va a estar referiendo lo antiguo. Es el corazón de cada persona.
Había una machi con que hablé: esa señora no saca suerte y no hace nada. Vive tan lejos. ¿Cómo será éso de vivir en la Costa?
Ese tu hijito[27] que se murió, me dijo, ¡ay mamita!  tu hijo no murió por voluntad de Dios. Tu hijo te lo mataron los brujos, me dijo. Aúnque estaba solo en su casa, me dijo, no llegó solo a su casa, llegó acompañado, me dijo. Ellos mismos te lo fueron a matar y te lo quemaron con su casa, me dijo la machi de Río Negro. Teudogia  se llama esa machi, pero su apellido no.

Así que me dijo: no llores nada, mamita, me dijo, total tu hijito será un alma justa, me dijo, la muerte que tuvo. Después de matarlo se terminó el juego, porque así lo hicieron ellos... así que eso fue una. Después, me dijo, la enfermedad de tu nieto éso[28]. Es tu hijo no más, me dijo, claro que tu no lo hiciste nacer al mundo, pero lo creciste con tu buena paciencia de muy chiquitito, me dijo. Tu tienes más valor que la mamá que lo tuvo en este mundo, me dijo. Tu lo que hablas, eso vale me dijo.
Fig. 13. Orita del Carmen, hija de María Silveria, con un sobrino.

Mandó una hija soltera que tiene: la mandó al río que vaya a traer un envase de esto de bebida, pero sin papel, niuna cosa, limpiecita que fuera el agua. La quiere especial esta señora. Me dijo, con un tanto de agua. Está muy limpio el río de donde fue a traer la chica. Era un envase de bebida, de litro y medio, con un palmo de agua. Y llegó la chica con lo que traía.

Me dijo, aquí vas a ver, me dijo, quien lo cuida a tu nieto, me dijo. Tu nieto solamente le quedan tres días de vida, me dijo, ya estaba que se moría, me dijo. Gracias a Dios que lo trajiste, me dijo, así que... Que más ratito que estaba sentada ahí, por ahí se formó la fiera: como una estufa que se le da vuelta en el agua, hermanita de Dios, como un gusano, pero hecho como un resorte, sí, y andaba dando vuelta ahí, y se arrollaba y se extendía.

Me dijo: éste es el dueño de la enfermedad, me dijo. Usted no crea, me dijo, que su hijo está muriendo por nuestro Dios. Este es el dueño, me dijo. Este lo busca, me dijo: por donde lo puedes hacer dormir a tu hijo, me dijo, tiene que ponerse debajo del catre y quedarse sin moverse, me dijo. El alcance de ellos, ¿no? Asì que... pero no habla casi nada, me dijo. Gracias a Dios que lo trajiste.

Esto fueron doce firmas, me dijo, que firmaron para que muera este joven, me dijo. Doce firmas son, me dijo: pero uno murió ya, me dijo. Recién había muerto un hombre que estaba vecino. Así me dijo, y ahí andaba esa fiera. Esa mujer no toma el pulso.

Entonces fue que le dijo a mi hijo: pasa tu carnet, hijito. Así que el chico le dio su carnet (ya es un hombre, mi chico: tiene veinte y cuatro años). Dijo: así como iba a vivir su hijo, así como está cautivado, dijo. El carnet se rayó en tres colores: una fue amarilla, la otra fue esta rayita azul y la otra fue una blanca. Porque no lo ganaban a matar. Amarilla, azul y blanca, las rayitas. Así...
Fig. 14. Doña Domitila con Francisco Cheuquemán, primer hijo de Otilia Cheuquemán, un niñito tanto travieso, cuanto inteligente.

Me dijo: harto difícil está, me dijo, pero como vino aquí, me dijo, tienes toda la confianza en mi, me dijo. Yo te voy a salvar a tu hijo, me dijo. Pero si, me dijo, tienes que venir a hacer otro viaje. Así que... Y siempre te van a molestar, me dijo. No porque te mataron a tu hijito, me dijo, te van a dejar de molestar, me dijo. Así que...

Le dio remedios, trajimos remedios suficientes. Me dijo: esta tarde cuando llegue a tu casa, me dijo, como me dices que está en poder de tu yerno y de tu hija, ellos que te acompañen, me dijo, para que le den el remedio y las fletas[29], me dijo. No, que no te dejen sola, me dijo. Y si acaso se desmaya, me dijo, va a ser un desmayo no más, me dijo, pero va a volver. Y si no desmaya, me dijo, es porque con ésto se va a mejorar. Y era una hierba que me dio, un remedio. Y todas unas fletas.

Así que vine no más, vinieron en la noche. Como yo traía plata esos tiempos, buscamos un vehículo en Compu. Nos bajamos del bus y tomamos un colectivo y nos vino a dejar hasta allá abajo donde mi hija. Ahí estábamos en ese tiempo. Viví un año y medio después que quemó mi casa y me dio miedo. Así que llegamos.

Yo le dije: mijita, traete ese remedio, le dije, que lo vamos a hacer en seguida no más. Lo tomó no más y empezó a afligir. Porque éste, me dijo, va a matar lo que tiene en el estómago, me dijo. Este pobre hombre lo que tiene, lo tiene en el estómago; éste, me dijo, le dieron de tomar. Durmiendo le largaron el veneno con una cucharita en la boca, me dijo. Y así que ésto tiene que matarlo. Me dio saumerio, me dio fletas, esa mujer:

¡Dios la tendrá en sus bienditas manos un rato cuando se muera porque fue muy buena gente conmigo! Y no me había visto nunca: solamente se dio porque me vio llorar. Porque yo donde andaba, andaba llorando, tanto por lo que perdí, tanto por mi chico que lo vi así en esta forma. Así que... Pero no, el remedio no lo hizo... nunca desmayó. La última sí, casi que perdio el rastrillo, pero no. Después dijo: no tía, nada tan malo. Y éste su estómago saltaba parriba...

7. La última vez que celebramos la Ceremonia fue...

La última vez que celebramos la Ceremonia fue... a ver si me acuerdo... fue con don Amador y con su grupo, sí que... En ese entonces todavía don Amador estaba de alcalde. ¡Qué tiempo ya que no se hacía¡ Una vez, sí que se hacía una Ceremonia que era, un tiempo. Pero entonces vivía todavia el finado maestro. En Chagua era. Eso queda por ahí, por Compu, ya sabes peñí, por ahí queda. También estaba mi marido. Antonio. Antonio Huenteo, así era su nombre, y el finado don Juan vivía donde mi compadre Pedro Huenteo. Con un bongo[30] íbamos. Hasta San Juan con un bongo.

Pero hicimos una Ceremonia hace... Como te dije, pení, entonces estaba don Amador de alcalde[31]... El consiguió la chicha: harta chicha hay que tener, y papas, y corderos. El consiguió lo que se necesitaba. Claro, no sólo él, también había quien ayudaba. Pero la comunidad, eso no, no estaba. Por esto le tengo queja al cacique de ahora, al revolucionario ese... Hasta dicen que quemó su patriarcal[32]... Dicen que lo quemó, así dicen...

Yo también tenía mi patriarcal. Ahora ya no, se cayó, pero voy a levantarlo otra vez. Cuando esté lista mi casita, voy a levantarlo, y tú también vas a venir, peñí. Vas a venir con tu mujer, con la Rosita, porque no está bien que ella se aparte. Uno no tiene que apartarse nunca de su gente que es su sangre. ¿No te parece, peñí? Vas a venir con la Rosita y yo voy a levantar mi patriarcal. ¿Verdad que vas a venir?

Dos Ceremonias, habían: una grande y una menor que era la marina. La rogativa marina.

La Ceremonia grande se hacía en el desierto. Ahí arriba no más queda. No es que no hay nada. En el monte, eso queda, pero es un claro, no hay nada árboles, ahí: está limpiecito. Pero allí los winkas no van. Sólo williches. Es limpio, el desierto, pero cada vez hay que limpiarlo. También ésto hace parte de la Ceremonia. No creas tú que se limpia como un campo, con roce de fuego, el desierto. No, po’. Se limpia con rezos. Así se limpia, con hartos rezos. Entonces después que está limpiado... entonces sí que es desierto, sí que...

Hay que dar muchas vueltas, para limpiarlo. Del lado de la Cordillera se empieza a correr, mirando al norte, y dando vuelta y después mirando al sur y se da vuelta y después otra vez mirando al norte. Haciendo círculo. Así se limpia y se hace desierto. Entonces queda desierto.
 
 
         
     
     
     
           
               
 
PATRIARCALES
 
TRONO
   
               
           
     
     
     
         
 
 
 
Fig. 15. Cancha de la Ceremonia[33]

Pero ésto se hace muy temprano, en la mañanita. Todavía no hay sol y entonces se limpia y se hace el desierto. Se levantan los patriarcales. Dos son los patriarcales. Y en el medio del desierto se hace el trono. El desierto es quadrado. Con estacas y sogas se separa el desierto y en las esquinas se ponen flores. Sí po’...

Dos son los patriarcales. Uno afuera y uno pa’entro. Y por adentro del desierto, en el trono, allí se ponen las papas, la chicha, los corderos, lo que sea... Hasta chanchitos se ponían una vez, y una vez hasta terneros había en el trono. Sí, que... pero... una vez era éso. Ahora que...

Entonces se carneaba el cordero. En el bosque, se carneaba, entre canelos y luma. No como quien carnea cualquier animal, no po’. Tenía que ser de a poquitito, así tenía que ser. Así era que daba su sangre el corderito, que se mesclaba con la tierra. Todavía no había sol. Después entonces sí que surgía el sol, pero ya estaba limpio el desierto. Ahí sí que se celebraba la Ceremonia. Se rezaba. En lengua. Los que sabían rezaban en lengua, pero pocos sabían. No importa... Se pedía... bueno... lo que tenía que pedirse, éso se pedía, no más. La paz se pedía. Y se rezaba a Chaw Dios.

La rogativa marina es  muy distinta. Se hace en la playa, la marina. Se pide que salga el pescado, que haya mariscos. También se pide buena cosecha, pero màs para marisco y pescado es... Ahí se hace siembras de marsicos, se hace. Yo sí que he hecho hartas siembras de mariscos, sí que... Cuando la mar está baja, así la hicimos cuando don Amador. La mar estaba bajita y entonces hicimos siembra de marisco. La rogamos con la sangre del corderito, y con chicha también. La rogams la playa. Pues la Pincoya, que se reza a la Pincoya en la siembra, porque es la Pincoya que trae el marisco. Que si la Pincoya se molesta, entonces... entonces... ¡ya qué va a haber marisco!

También al Taita Huenteao, hay que rogarle, porque el Taita ése fue el primer maestro de paz. Así, po’...
Fig. 16. Celebración williche en Apiao con el patriarcal (foto de Javier De la Calle).

 

Se hace el ruego a la marina... a la Pincoya, entonces. A ver si me acuerdo. ¿Cómo no me voy a acordar? Yo soy memoriosa, yo. Así hace el rezo, así hace: «Ayu taufinta Chaw trokín mai, ta fücha maior mai kei, ta fücha katriwe meu, tamoyén fücha maior. Feita welo toanta cariño meu, cunkelunta suantu mai, notra poñi toponiltún mai, unkilu mai. Feita pu peñi, feita pu lamngén, favor feacín, feita yu toafinta pu peñi o pu lamngén mai. Hueñe toan a wentru neo tu yan, medá ke cojumo mai, pu peñi mai[34]».

Lo que significan las palabras, ya éso es... que se piden las cosas... pues es una rogativa, ¿no es?

 
 
Fig. 17. Ruka chilota con paredes en quincho y techo en paja (en Apiao).

Esa vez que hicimos la Ceremonia marina, estaba don Amador y el grupo ese... Llauquil[35]... como le dicen... Lindo sí que estuvo... ¡Qué bien que cantaron los chicos! y don Amador con su guitarra...

Ya la vamos a hacer una rogativa marina. Pero después que esté hecha mi casita, que yo soy vieja y no es de cristiano vivir así como estoy yo... ¡Ni fuera ruka de quincho, tan fría que es esta casita mí toíta de chapa! Cuando vuelvas a Chiloé, con tu mujer tienes que venir, po’, entonces sí vamos a hacer la rogativa marina... Pero harta chicha hay que tener, y un corderito, po’, un lindo corderito...
 
 

 

CONCLUSIONES

Los mapuches del norte conocen poco la historia de Chiloé y de los mapuches del sur, los williches, y a veces caen en error. Los williches de Chiloé se opusieron durante toda su historia a la prevaricación winka, no menos de los hermanos del norte. Pero sus condiciones de lucha fueron muy diferentes y por ésto fue igualmente diferente el desarrollo de su evolución cultural.Al momento de la conquista española, los mapuches de Chiloé vivían concentrados en las islas menores, principalmente Quinchao y su área. Formaban pequeños grupos y, si bien unidos y constantemente en comunicación los unos con los otros, por gran parte del tiempo lo canales constituían una barrera que sólo a veces se conertía en una vía de comunicación. De allí que fue fácil para los españoles, asentados principalmente el la Isla Grande, dominarlos.

Aúnque los castellanos fueran relativamente pocos numerosos, en cada una de las islas de Chiloé donde vivían los mapuches[36] había un par de familias no más, es decir algunas decinas o un centenar de personas. Así que los castellanos, enfrentándose cada vez con un grupo muy reducido de mapuches pudieron aplastralos con facilidad. Pero ésto no significa que no se resistieron a la dominación castellana ni, mucho menos, que trahicionaron a sus hermanos del norte. Todo lo contrario.

Entre 1598 y 1604, cuando Pelantraru se levantó contra los españoles y consiguió liberar el Mapu, también se levantaron los williches de Quinchao y de las demás islas y destruyeron la ciudada de Castro (febrero del año 1600) y hecharon a todos los españoles del archipiélago de Chiloé. Pero cuando éstos volvieron, les resultó fácil conquistar una a la vez todas las islas y arrasar con todo intentó de rebelión. Francisco del Campo, el jefe militar español, ejerció todo su salvajismo en contra de los williches que fueron en gran parte o exterminados o hechos esclavos. ¡Antes quemó vivos a 18 lonkos, luego hizo ahorcar a otros 30 más!

No obstante la imposibilidad de recuperar su libertad, nunca los mapuches de Chiloé renunciaron a combatir al español. Siendo tan pocos, buscaron aliados y los encontraron en los corsarios holandeses. Mapuches de Chiloé fueron los tripulantes de los navíos que arrasaban los puertos castellanos del Pacífico.
 
 
 
Fig. 18. Mi esposa, Rosita.

El 10 de febrero de 1712 Quinchao se rebela al español y reconquista su libertad y al tiro todas las demás islas chilotas también se rebelan y a los castellanos solo les queda la posesión de la Isla Grande[37]. Pero desde allí recomienzan la conquista de Chiloé y otra vez el castigo es salvaje: ¡en la sola isla de Quinchao, cerca de 800 mapuches fueron pasados por las armas después de haberse rendidos! Esa fue la resistencia de los mapuches chilotes frente a los winkas.

Después de aquella derrota, cambió la forma de luchar: se “ahuincó”. Es así que en 1743 los mapuches que están trabajando en Castro en la mita para la construcción de su iglesia, comienzan una... ¡huelga de brazos cruzados! Y pocos años después, en 1750, todos los mapuches de Chiloé comienzan un paro general ilimitado que pone de rodilla a la economía isleña, muy modesta, y obliga los castellanos a haceptar compromisos importantes, entre los cuales las terminación del sistema de las encomiendas y el reconocimiento del derecho a las tierras (1783), que es el fundamento jurídico de las actuales comunidades williches de la Isla Grande.

Hoy día las costumbres tradicionales se han perdidos. Tiene razón doña Ema, esposa de don Carlos Orlando Lincomán, cacique general de Chiloé, cuando afirma que “nosotros no peleamos por nuestras costumbres, que ya la perdimos todas, sino por nuestra tierra”. Es triste su afirmación, pero es verdadera. Doña Domitila es la última sacerdotisa porque el Admapu, la tradición mapuche, se ha perdido: tan sólo queda la lucha para la tierra.

Pero no todo se ha perdido. En realidad, las cuatro comunidades organizadas de la Isla Grande no representan la totalidad del mundo mapuche del Chiloé. En las islas menores - sobre todo en Quinchao, Meulín, Linlín, Apiao, Alao - todavía muchas tradiciones permanecen.

Fig. 19. Doña Juana, muy querida abuelita de mi esposa.

Yo acá soy relator del testimonio de doña Domitila Cuyul: sin embargo las dos finadas abuelitas de mi esposa - doña Juana y doña Colorinda, las dos de Coñab - tenían memorias igualmente vivas y tradicionales, aúnque escondidas por debajo de una “castellanización” muy superficial. Las niegan, pero las viven: ¡yo no creo en los pelapechos, pero de haberlos, sí que los hay! Esta expresión representa muy bien al chilote.

Así mi abuelita Juana, que recuerdo con inmenso cariño, me hablaba de cuando el mozo tenía que cortar un alerce con una hacha de piedra para demosntrar su valentía (pero cuando yo era jovencita, me contaba, ¡ya se conformaba con cortar un arrayán!). Y también me hablaba de We Tripantu y de Lalén Kusé, aúnque no usa el término mapudungún, sino el castellano: la Vieja Araña. Y la abuelita Colorinda, que desgraciadamente yo no alcancé a conocer, le contaba a mi esposa de cuando se encontraban con los holandeses en Coñab y se unían a ellos para combatir en contra de los españoles.

Entonces es también para recordar a doña Juana y a doña Clorinda y para reivendicar la “mapuchidad” de Chiloé que nace este librito[38].
 
 




[1]Mapu Domo, que se ambienta en la sociedad mapuche-williche antes de la llegada de los winka y para lo cual me andaba documentando sobre tradiciones y rituales sagrados característicos del área williche.
[2]Es el territorio ancestral de la comunidad williche de Compu, objeto de infinitos pleitos legales por los frecuentes expropiaciones de que ha sido objeto por parte de particulares y de empresas forestales.
[3]Es la esposa de Jorge, el mayor de los hijos de María Silveria, y el matrimonio vive donde sus suegros, en Chaildad.
[4]El Maestro de Paz (Fücha tun kunoi) en el área williche tiene la función de celebrar el ngillatún: su rol es bien diferenciado de aquello del machi, aúnque también él puede curar a los enfermos.
[5]Son los Bancos de Credito Cooperativo de Crema, Romagna Est y Ospedaletto, los cuales contribuyeron a cubrir el 75% de los gastos sostenidos.
[6]En algún momento doña Domitila sostuvo que mi mujer pudiera lo más bien ser parienta con ella, siendo la familia Unquén (la de mi esposa) emparentada con la familia Hueicha (la de su madre).
[7]Los mapuches de Chiloé emplean los términos “mapuche” y “williche” como sinónimos. Ellos se consideran a si mismos mapuches, igual que todos los demáas que hay en Chile, y por lo tanto también en este texto los dos términos son empleados como sinónimos.
[8]Efectivamente, los Cuyul parecen ser originarios del área de Queilen y los Hueicha de Caguach. La familia Remolcoy parece haber llegado a Chiloé alrededor de 1880, después de la conquista de la Araucanía por parte del general Saavedra, siendo originarios de Osorno. Se establecieron en Santa María de Queilen, como me informó Víctor Remolcoy. Guillermina Remolcoy, en Santa María, me resulta ser la sola persona en Chiloé que hable correctamente y habitualmente mapudungún (habla el dialecto tsesungún, propio de Osorno). Las familias originarias del área de Compu debieran ser los Güenteo (o Huenteo), los Cheuquemán, los Lincomán y los Inaicheo.
[9]Quepuche: el último nacido.
[10]Se refiere a la Otilia Cheuquemán, cuando tuvo Jorge Alejandro (1998).
[11]Anteriormente habíamos hablado acerca Lalén Kusé (la Vieja Araña) y de la costumbre mapuche de envolver la mano de la guagua mujer con una telarraña para que, creciendo, sea buena tejedora.
[12]Pared hecha con ramas trenzadas.
[13]Viento norte, que trae lluvia.
[14]La Sociedad Explotadora de Chiloé, la cual expropió gran parte de las tierras williches de Chiloé, hechando a sus pobladores.
[15]Hasta la década de los años ‘50 ocurría a menudo que personas con mìbuenas disponibilidades económicas, sobre todo latifundistas, se fueran por las islas Guaytecas y se llevaran con la fuerza niños alakalufes. Esto, ocasionalmente, también ocurría con niños williches de Chiloé. El fin era aquello de disponer de servidores y mocitos. Por lo general, aquellos niños no venían maltratados y podía suceder, en algunos casos, que se convirtieran en ahijados de sus “padrones”. Lo que es más asombroso es que yo mismo, como otros antes que yo, pude entervistarme con uno de estos ladrones de niñitos, el cual consideraba hasta el día que cuanto había hecho fuera una acción buena y piadosa, propia de un buen cristiano. “Los niños que me llevé de las Guaytecas - me dijo en Castro - los trataba bien: hice que frecuentara la escuela y que asistiera a la misa y, aúnque los hacía trabajar en los campos o en la cocina, lo hacía para que no crecieran perezosos como sus padres. Seguramente estuvieron mejor conmigo que si se hubieran quedado donde sus padres, en sus pobres rukas. Fue su suerte que yo me los llevara: de lo contrario les habría tocado de vivir como sus padres, que viven igual que animales”. Escuché de niñitos robados también en la isla Apiao.
[16]Marcelita es la hija menor de María Silveria y está muy enferma.
[17]Se refiere a Juan Fermín Lemuy Treumún, cacique de Osorno, que en 1934 vino a Chiloé invitado por Cipriano Guentén que lo había informado acerca de las sificultades que atravesaban los huilliches de Chiloé acosados por los latifundistas y por la Sociedad Explotadora de Chiloé, que trataban de expropiarlos de sus tierras. En Trincao, en el sector de Yaldad, se organizó una primera asamblea para reorganizar a las cuatro comunidades huilliches de Chiloé (Coihuín de Compu, Huequetrumao de Chadmo, Guaipulli de Chadmo, Incopulli de Yaldad), en 1935 se crean los Consejos orgánicos y en 1937 se forma en Compu el Consejo Local Mapuche, que agrupa a los caciques de cada Comunidad y que se mantiene en estrecho contacto con el Futahuillimapu de Osorno.
[18]Se refiere a Juan de Dios Chequián, maestro de paz, que en 1939 vino a Chiloé desde Osorno para enseñar el idioma huilliche y reintroducir la celebración del ngillatún, preparando maestros de paz locales.
[19]Juan Fermín Lemuy Treumún.
[20]Juan de Dios Chequián.
[21]Ngillatún.
[22]Juan Panichine Maripillán: desde 1935 consejero de la organización comunitaria de Coihuín, junto a José Santos Lincomán Inaicheo (bisnieto de Miguel Inaicheo, pimer cacique histórico documentado del área de Compu y desde 1937 hasta 1984 cacique él mismo), Francisco Panichine Chiguay, José del Tránsito Nauto Nauto y Juan Nauto Antipani.
[23]Don Amador  Cárdenas Paredes, folclorista y alcalde de la comuna de Quellón.
[24]Los dos nietos que creció ella mismo desde chiquititos y que siempre vivieron con ellas.
[25]Se refiere a don Carlos Lincomán, cacique general de Chiloé, que en 1984 sucedió a su tío, José Santos Lincomán Inaicheo, cuando éste murió. Por las razones precedentemente indicadas, doña Domitila se lleva mal con el actual cacique de Compu.
[26]Don Amador Cárdenas, el folclorista que desde muchos años es bien amigo de doña Domitila y trató siempre de ayudarla y favorecerla.
[27]Se refiere al hijo de doña Domitila, Juan Angel, muerto en el incendio de su casa.
[28]Se refiere a Juan Bernardo, con problemas graves de salud.
[29]Aceite para masajar el cuerpo.
[30]Bongo: embarcación realizada labrando con fuego y hacha el tronco de un árbol.
[31]Doña Domitila no supo recordar la fecha: es posible que se trate de 1996.
[32]Se refiere a don Carlos Lincomán, el actual cacique general, que siendo evangélico no empuja y no participa en ningún ritual religioso tradicional. Parece, pero no sé si ésto corresponda a verdad, que quemó el rewe que tenía don José Santos Lincomán. En Chiloé la presencia del rewe es muy rara, al contrario del patriarcal que consiste en un arco de ramas de laurel (nunca canelo, que en Chiloé viene relacionado con la brujería y el leputún).
[33]Dibujo realizado conformemente a las esplicaciones de dona Domitila y a un bosquejo de Angel Octavio, su nieto.
[34]Me dirijo al Padre en esta oportunidad, el más anciano entre todos que está  en el gran espacio. Quiero retribuir el cariño que está en el pensamiento. Hemos tenido gran cosecha de papas. Entonces, hermanos y hermanas, que llegue a todos este favor. Se obtendrá algo de los hombres, aunque en aguas turbias ha llegado el líder anciano. (Traducción de María Catrileo, Universidad Austral, Valdivia).
[35]Llauquil, grupo folclórico de Quellón, creado y animado por Amador Cárdenas Paredes.
[36]Con la sola excepción de Quinchao, más poblada.
[37]La rebelión de 1712 se organizó durante la celebración del palín el Quiliquico, cuando el 26 de enero de 1712 los lonkos pudieron encontrarse y acordarse.
[38]Perdonen el mal castellano, pero es desde 1973 que vivo fuera de Chile y (sobre todo) de Chiloé. La fecha no es casual.