Territorio Digital, Posadas (Misiones), 12 de marzo de 2004.

65 años hilvanando la historia de misiones
En marzo de 1939 se fundó la Junta de Estudios Históricos de Misiones. Destacadas personalidades han continuado la tarea de los fundadores.


En pocos lugares de estas partes de América algunos rasgos de las culturas aborígenes prehispánicas se han podido rescatar y asimilar. Durante la invasión conocida como “la conquista”, para que se salvara al menos parte del haber cultural de los pueblos nativos, tenían que darse dos condiciones. Una, que estos nativos no poseyeran metales preciosos y la otra, que sus jefes tuvieran capacidad negociadora. La primera condición evitaría la concurrencia de los locos de la guerra y la segunda facilitaba la concreción de pactos de convivencia pacífica entre los naturales de la tierra y los invasores ibéricos.

Los guaraníes del Paraguay, llamados carios en la época, afortunadamente reunían ambos requisitos; así fue que después de un siglo de adaptación se institucionalizó la convivencia y asimilación, en la Asunción por el cuñadazgo y el mestizaje y en las Misiones por el contrato social logrado entre los padres jesuitas y los caciques que aceptaron concurrir a las reducciones. Salvóse así el idioma de los carios y también gran parte de sus conocimientos de la naturaleza, bienes culturales que se integraron al saber general de las poblaciones criollas, con el beneficio de las plantas útiles de la farmacopea y de la alimentación humana. Entre éstas ha descollado la yerba mate con expansión planetaria. Deo gratias.

Si consideramos la historia registrada de la región misionera, con sus primeras páginas escritas por los criollos mestizos, padres Antonio Ruiz de Montoya y Roque González de Santa Cruz, contamos con dos siglos sin cortes de historia, escrita mal o bien por los cronistas laicos de Asunción y apuntada en detalle por los varios historiadores jesuitas.

Misiones, la actual, queda marcada definitivamente por este precedente, que se consolidó cuando su gobernador doctor César Napoleón Ayrault dispuso la edición local de la monumental obra del padre Guillermo Furlong (SJ) “Misiones y sus pueblos de Guaraníes”, la cual facilita a los estudiosos disponer ahora el manejo de ciertas fuentes de muy difícil acceso en el pasado.

Es así que el acontecer histórico misionero se impregna en la primera mitad del relato posible del carácter guaraní-evangelizado y ya nada puede ni debe  cambiar este hecho, que de todos modos está implícito en el nombre que siempre tuvo la provincia.

Pero henos aquí que en la región que hoy pertenece a la Argentina como provincia de Misiones, tenemos un bache de medio siglo, un vacío de crónicas que desconcertó a quienes en las primeras décadas del siglo XX procuraron construir la historiografía del período posjesuítico.

Desde la retirada de la fuerza que el general Francisco Ramírez envió hasta Misiones en persecución del general José Gervasio Artigas (1821) hasta la finalización de la guerra de la Triple Alianza, cuyo correlato fue la posesión efectiva del territorio misionero por la provincia de Corrientes (1871), esta región se mantuvo prácticamente despoblada, los pueblos de las reducciones ya estaban en ruinas, sus pobladores exiliados, casi nada para contar y recordar. El Paraguay y Corrientes, esporádicamente un gobierno misionero más virtual que real, ejercieron dominio difuso y cambiante, con la constante de conflictos políticos irresueltos y extrema pobreza material,  institucional y poblacional.

Esta realidad no arredró a los fundadores de la historiografía misionera actual. Estaba en juego la provincialización del Territorio Nacional de Misiones y el sentido de pertenencia a una patria chica alimentó sus esfuerzos por hilvanar el pasado menos remoto, algunos de cuyos capítulos, por varios motivos, estaban (y aún están) excluidos por completo de la historia oficial centralista, iniciada por Don Bartolomé Mitre.

Aníbal Cambas, Julio César Sánchez Ratti, Casiano Carvallo, Aníbal Lessner, Felipe Kury, Raimundo Fernández Ramos, Mario Herrera, Carlos Silveyra Márquez, fueron los númenes de la historiografía misionera.

Sin condiciones para viajar y visitar los archivos lejanos, sin otra remuneración que la satisfacción de dejar el legado de su obra a la sociedad, no sólo generaron el encuadre del relato con lo que tenían a mano, sino que varios de ellos institucionalizaron el interés vocacional por la historia al fundar en marzo de 1939 la Junta de Estudios Históricos de Misiones.

Desde este refugio y repositorio, destacadas personalidades han  continuado la tarea de los fundadores. Hoy la temática que prevalece se orienta por etapas más recientes del acontecer regional. La inmigración europea ocurrida en el siglo veinte transformó todo y la saga de los inmigrantes de origen polaco, ucraniano, suizo, escandinavo, alemán, con su rol fundamental en la vida provincial, es la que ocupa la primera plana de las actividades que promueve o patrocina la Junta. A la vez que afluyen las producciones contemporáneas de historiadores de Rio Grande do Sul, Paraguay y Corrientes alimentando ese viejo anhelo de la regionalización de la historia para las escuelas.

Nuestro homenaje a los fundadores, en este 65º aniversario de la Junta de Estudios Históricos de Misiones.

Por Alejandro Larguía.
Ingeniero agrónomo e historiador. Autor de libros, investigaciones y notas acerca del pasado regional.
 
 

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