La Nación (Buenos Aires), 16 de agosto de 2002.

Una incursión al territorio de los indios omaguacas
 

La Quebrada de Humahuaca se fortalece en el Pucará de Tilcara


Esta herencia prehispánica es una de las tantas estrellas de la Puna jujeña

 Los cardones custodian las murallas y fortificaciones de este importante monumento arqueológico. Foto: Carlos Manuel Couto

TILCARA, Jujuy.- Camino de entrada a la Puna, la Quebrada de Humahuaca es por sí sola una unidad cultural. Sobre esta tierra rica en llamas y cardones, de tierras duras y pastos flacos y amarillentos, las cholas llevan los guaguas colgados de sus espaldas y, bajo el cielo cargado de azul, el cóndor planea sobre las cumbres.

Desde la capital jujeña, sus 130 kilómetros de extensión viajando por la ruta nacional N° 9, han convertido a esta región en uno de los polos más importantes del turismo argentino, porque a lo largo de su recorrido el viajero siempre estará flanqueado por un robusto y colorido paisaje y, por pueblos y caseríos colmados de historia y riquezas arqueológicas.
 

Páginas de historia

Tilcara, Estrella Fugaz, en lengua quechua, después de Humahuaca es la segunda ciudad en importancia de la Quebrada, con el río Grande que caracolea en uno de sus costados.

Tilcara tiene mucha historia: en sus campos guerrearon contra los realistas los Infernales de Güemes, pero mucho antes fue el territorio de los indios omaguacas y del cacique Viltipoco, uno de los más importantes de la región.

Ellos construyeron en Tilcara el magnífico Pucará, que con sus quince hectáreas es, sin duda, una de las fortalezas prehispánicas más importantes de la Argentina y un auténtica obra de la ingeniería indígena.

Protegidos por esos gruesos muros de piedra, los aborígenes batallaron por años contra los conquistadores españoles hasta caer vencidos en 1598 por el capitán Francisco de Argañaraz y Murguía.
 

En ruinas, pero valioso

Hace ahora 94 años que el científico argentino Juan Bautista Ambrosetti descubrió las ruinas del emplazamiento, hoy parcial pero fielmente reconstruido por el arqueólogo Eduardo Casanova y su equipo.

Naturalmente, con el crecimiento de la ciudad de Tilcara transformada en un importante centro vacacional, y con el atractivo turístico y científico de su Pucará, se ha originado sobre el lugar un interesante flujo de viajeros nacionales y extranjeros.

Levantada sobre un cerro de unos 70 metros de altura, y construida de manera escalonada para facilitar la defensa militar, la fortaleza omaguaca ocupaba un punto estratégico, desde el cual los aborígenes dominaban el cruce de importantes caminos de la época.

Esa posición estratégica y panorámica, que protegía la seguridad del pucará, era apuntalada por el entorno de los cauces de los ríos Grande y Guasamayo.

Sobre las 900 construcciones originales, se han reconstruido 50 de ellas, además de unos 3600 metros de caminos, un templo, corrales y un cementerio. Esa reconstrucción ha permitido configurar la existencia de tres barrios, conocidos como el de la Entrada, el de la Iglesia y el del Alto o Monumento.

La característica principal del primero de ellos son sus murallas y fortificaciones; el segundo está dedicado a las adoraciones y los ritos religiosos, mientras que en el tercero se encuentran numerosas unidades de viviendas.
 

Testigo del pasado

En la zona más alta del Pucará, un pesado edificio de piedra en forma de pirámide truncada rinde homenaje a la fantástica tarea de quienes -durante años- desenterraron tanta riqueza arqueológica sepultada durante siglos. Casi una centuria después, la visita a esta Troya argentina , como la llamó su descubridor, el incansable Juan Bautista Ambrosetti, habrá de enriquecer culturalmente al viajero, que, por cierto, tampoco renegará del paisaje que tendrá frente a sí. Allí estará siempre el imponente macizo andino de la Quebrada de Humahuaca. El más grande testigo de los sucesos del pasado.

Carlos Manuel Couto
 

A paso firme, cuatro horas por los cerros

Un recorrido detenido del Pucará demandará alrededor de cuatro horas. Como un interesante complemento, antes o después de la visita a la fortaleza, convine conocer el Museo Arqueológico de la ciudad, que cuenta con más de tres mil piezas regionales, así como de Bolivia y Perú.

Junto al Pucará funciona también el llamado Jardín Botánico de Altura, al que vale la pena dedicarle una visita.

La ciudad de Tilcara dispone de varios establecimientos para alojamiento y comida. La gastronomía típica es variada, apetitosa y realmente económica.

Se recomienda usar calzado cómodo y ropa adecuada a la temporada. En verano, el día es un infierno y por las noches se registran temperaturas bajo cero.
 
 

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